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7 ago. 2015

Llantos en la madrugada

Me quejaba del tiempo,
de la vida y de la noche.
Me regocijaba en los problemas que tengo,
sin más.

Entonces llegó ella
contando su vida,
abriendo su corazón
sin preguntar siquiera.

Marido convaleciente;
hija adolescente dada al alcohol
y no así a abstenerse,
u a los tres hijos que tiene
y que cuida la abuela que llora.

Además le han robado el bolso.
Ahí tenía sus papeles,
su dinero,
sus llaves
y la documentación de su otra hija
que para la semana viene. O venía.

Llora y no sabe que hacer:
Todo abrazo es poco;
toda lágrima que llore,
también.

Ahora me cuenta que su hija tiene un bulto.
Es maligno y no se puede operar.
Igual no es tan maligno,
todo va a mejorar.
Venga,
dilo.

La noche arremete y nos despedimos.
La vida le sigue pesando
pero ya la puede volver a levantar.
Es una chica dura.

Al menos más que yo,
que ya ni sé
cargar su pena en el corazón.

Aun no he llegado a casa
y empieza a llover.
Como siempre,
que propicio.

4 ago. 2015

Lo que no hago

No hablo con sueños.
No beso deseos
ni espero al invierno en mantas con frío.
No entiendo de estrellas,
no sé de abstinencia
ni de esfuerzos sin un premio:
me parecen tan incomprensibles
como el amor sin sexo.
No hablo de ausencias.
No lloro recuerdos
ni hago poemas si no quiero.

Y ahora quiero.

Quiero recordar
sin pelos en la lengua,
sin miedo ni tapujos ni vergüenza:
sólo recordar.

Recordar todas y cada una
de las cosas que no hago,
para que al hacerlo,
sepa que no soy yo el que lo hace,
al menos queriendo.