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27 ago. 2010

Noches de verano sin ti, amor (3)

 Casi olvidara tu voz, tu sonrisa, tu mirada ... Casi olvidara la sensación de estar ambos en la misma sala: temeroso y temerario, dueño y esclavo; la sensación de necesitar y estar necesitado. 

Me encantó -ya lo sabes- tirarme después en la hierba contigo.  Te acordarás, ¿No ? Yo no lo olvido. ¡Mas tontos nosotros por caernos sabiendo que no debimos! Bailaba el rocío de la noche mientras caía, sin querer tocarnos para no interrumpirnos. Tintineaban las jóvenes y traviesas estrellas al ver el momento. Callaba la luna, guardando en secreto lo que sucedió como guarda desde hace tanto tiempo lo que sucede por amor.

Pum...Pum....Pum-Pum....Pum....

Me encantaba ese sonido. Me envolvía y atrapaba, me soltaba y retomaba, me dormía y despertaba; me daba miedo, valor: me enamorara. Y además sabía que yo era parte de esa hermosa balada, y eso despertaba en mi la tranquilidad de saber que al menos tú me querías, tal y como era, y nunca nadie ha necesitado más nada.

No sé que pensabas. Tal vez lo mismo, quizás todo lo contrario. No obstante, al final los dos nos dejamos morir en el seno de la hierba que nos recogía, cada uno en brazos del otro, mientras juntos manteníamos al tiempo prisionero en nuestras manos entrelazadas... Pero se escapó. Y gritó. E hizo saltar las campanadas. Eran las 12 y tú te marchabas. Como cenicienta te fuiste, mas a mí no me dejabas nada. Te fuiste. La hierba recogió tus pasos,  el viento se llevó tu esencia y yo, yo te miraba porque a mi nada me dejabas. Y así desperté una vez más:

Sin ti,


 Sin nada.

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