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16 mar. 2013

El poema que no hube de escribir

Con una mujer me acosté esta noche,
con otra dormí y con otra fuí a desayunar.
Otra fue la invitada a comer a mi casa,
Otra la que llenó su cuerpo con fresas y nata para que yo merendara,
y, otra, la que estuvo cenando conmigo
a la tenue luz de unas lámparas con forma de flor:
Por eso no me creen cuando les digo que las quiero.
Una me ha envenenado el alma y otra el cuerpo, dice Becquer,
yo ya tengo el veneno como átomo de mi ser.
Pero tampoco me quejo:
Esas pocas veces en las que ellas me quieren
no hay en el mundo hombre más rico que yo,
que soy querido por la mujer de mis sueños;
Una, dos, tres veces...

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